Antoine Lavoisiere ha encontrado finalmente la combinación correcta de los elementos. La fórmula que ha perseguido infructuosamente por medio siglo, llega con un chispazo de genialidad. Todo es tan claro ahora, la respuesta estuvo siempre antes sus ojos. ¿Cómo es posible que no lo hubiera entendido antes? Millones de vidas podrán ser salvadas gracias a su talento y generosa dedicación. Una nueva era de libertad y progreso sin fin se abre para la humanidad. No hay límites para los hombres de razón. En un segundo eterno la cuchilla cae dejando a su paso un fulgor metálico. El verdugo muestra la cabeza de Antoine Lavoisiere. La multitud ruge satisfecha.
domingo, 12 de abril de 2009
jueves, 19 de marzo de 2009
En el laberinto
jueves, 12 de marzo de 2009
Miedo a volar
Este maldito miedo a volar. Intento comportarme como persona razonable y sacudir las telarañas mentales. ¡Basta! ¿Somos hombres o ratones? Esto es una tontería, lo has hecho antes y lo puedes hacer de nuevo. Que la gente triunfadora, la que va por ahí comiéndose el mundo antes de que el mundo se los coma a ellos, no se anda con niñerías. Todo es fuerza de voluntad y control mental, hábitos de triunfador. Que las estadísticas indican mayor probabilidad de morir en accidente de tránsito que en un vuelo, que la tecnología hace hoy maravillas, que la seguridad y el confort… Y a fin de cuentas mañana te puedes matar por un resbalón en la regadera.
Pero llega el día y mientras espero mi turno en la fila siento el sudor frío en la nuca, la tensión pulsando mis sienes, la patada de mula en el estómago y esas ganas de salir corriendo, de huir y esconderme. El despegue es inminente. Será la fuerza del viento, el mal clima o algún error humano, es lo de menos, lo único seguro es la catástrofe, voy a caer, voy caer!
He intentado todo lo que puede intentarse. Terapia, hipnosis, pastillas y alcohol. Hay ocasiones que trabo conversación con alguna chica para que sea el miedo al ridículo lo que me permita continuar. Es inútil, el terror me transforma en alguien a quien ni yo mismo reconozco. Los que están a mi alrededor lo saben y esperan que el temblor de mi cuerpo se haga evidente. Puedo verlos, siento sus ojos burlones resbalando por mi cuerpo. Los escucho, esperan que en cualquier momento salga corriendo. Voy a caer, voy a caer!
El ángel respiró profundamente y desde el borde de la nube se arrojó al vacío.
